El consultorio sentimental de Gustave Flaubert
Gustave Flaubert abrió un consultorio sentimental por correspondencia. Su primera carta decía: "Querido maestro, mi novio me ignora. ¿Qué hago?" Flaubert pasó tres semanas buscando la palabra perfecta para "ignora", reescribió la respuesta cuarenta y siete veces, y cuando finalmente envió su consejo —una sola oración impecable— la consultante ya se había casado, divorciado y vuelto a casar. "El problema del amor moderno", suspiró Flaubert, "es que nadie tiene paciencia para el adjetivo correcto."
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